Los dos capítulos de hoy cuentan una sola historia, y la cuentan con una simetría perfecta. En Génesis 7 el agua sube; en Génesis 8 el agua baja. En el capítulo 7 Dios cierra una puerta; en el 8 la abre. Y justo en el centro, como el gozne de una balanza, está la frase que sostiene todo: “y se acordó Dios de Noé” (8:1).
Conviene leer el diluvio con la clave que el propio texto nos da. No es simplemente una catástrofe natural: es la creación deshecha. En Génesis 1, Dios separó las aguas de arriba y las de abajo, y luego separó el mar de la tierra seca. Ahora “las fuentes del grande abismo” se rompen y “las cataratas de los cielos” se abren (7:11): las aguas vuelven a juntarse y el mundo regresa al estado del segundo versículo de la Biblia, cuando “la tierra estaba desordenada y vacía” y las aguas lo cubrían todo.
Y por eso mismo, cuando el agua se retira, lo que vemos no es una limpieza: es una nueva creación. Un viento sopla sobre las aguas, aparece la tierra seca, salen las aves, salen los animales, sale el hombre, y Dios lo bendice diciendo: “fructificad y multiplicaos” (9:1). El Génesis vuelve a empezar.
Capítulo 7: El diluvio
“Entra tú y toda tu casa en el arca”
Fíjate en el verbo. Dios no le dice a Noé “métete”, como quien manda esconderse: le dice “entra” —en hebreo, bo, el mismo verbo que usará para invitar—. Es una invitación, no una orden de fuga. Y no es sólo para él: “y toda tu casa”. La fe de un hombre alcanzó a siete personas más.
Dios da también la razón, y no es el mérito: “porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación”. Noé no era perfecto en abstracto —el capítulo 9 nos lo mostrará borracho y desnudo—, sino fiel en medio de una generación imposible.
Génesis 7
Biblia Reina Valera 1960 Nueva Traducción Viviente 1 Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación. 1 Cuando todo estuvo preparado, el Señor le dijo a Noé: «Entra en la barca con toda tu familia, porque puedo ver que, entre todas las personas de la tierra, sólo tú eres justo. 2 De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra. 2 Toma contigo siete parejas —macho y hembra— de cada animal que yo he aprobado para comer y para el sacrificio, y toma una pareja de cada uno de los demás. 3 También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra. 3 Toma también siete parejas de cada especie de ave. Tiene que haber un macho y una hembra en cada pareja para asegurar que sobrevivan todas las especies en la tierra después del diluvio. 4 Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice. 4 Dentro de siete días, haré que descienda la lluvia sobre la tierra; y lloverá durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que yo haya borrado de la tierra a todos los seres vivos que he creado». 5 E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová. 5 Así que Noé hizo todo tal como el Señor le había ordenado.
Hechos: animales limpios e inmundos, siglos antes de la ley
Llama la atención que Dios hable de animales “limpios” e “inmundos” mil años antes de que se escribiera Levítico. La distinción, por tanto, no nació con la ley de Moisés: ya existía, y estaba ligada al sacrificio.
De ahí que de los limpios entren siete parejas y de los demás sólo una. La razón se ve en el capítulo siguiente: al salir del arca, Noé va a ofrecer holocaustos (8:20). Si sólo hubiera embarcado una pareja de cada especie limpia, el primer acto de adoración habría extinguido a esos animales. Dios provee de antemano para el culto que todavía no ha pedido.
Una fecha, no una leyenda
El relato del diluvio es, con diferencia, la sección más fechada de todo el Génesis. Días, meses, años: el autor quiere que sepamos que esto ocurrió en el tiempo, no en el “érase una vez”.
“El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo” (7:11). Aquel día. Con nombre y apellido en el calendario1.
Génesis 7
Biblia Reina Valera 1960 Nueva Traducción Viviente 6 Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra. 6 Noé tenía seiscientos años cuando el diluvio cubrió la tierra. 7 Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos. 7 Subió a bordo de la barca para escapar del diluvio junto con su esposa, sus hijos y las esposas de ellos. 8 De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que se arrastra sobre la tierra, 8 Con ellos estaban todas las diferentes especies de animales —los aprobados para comer y para el sacrificio, y los no aprobados— junto con todas las aves y los animales pequeños que corren por el suelo. 9 de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a Noé. 9 Entraron en la barca por parejas —macho y hembra— tal como Dios había ordenado a Noé. 10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. 10 Después de siete días, las aguas del diluvio descendieron y cubrieron la tierra. 11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, 11 Cuando Noé tenía seiscientos años, el día diecisiete del mes segundo, todas las aguas subterráneas entraron en erupción, y la lluvia cayó en grandes torrentes desde el cielo. 12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 12 La lluvia continuó cayendo durante cuarenta días y cuarenta noches. 13 En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca; 13 Ese mismo día Noé había entrado en la barca con su esposa y sus hijos —Sem, Cam y Jafet— y las esposas de ellos. 14 ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie. 14 Con ellos en la barca había parejas de cada especie animal —domésticos y salvajes, grandes y pequeños— junto con aves de cada especie. 15 Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida. 15 De dos en dos entraron en la barca, en representación de todo ser vivo que respira. 16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta. 16 Entraron un macho y una hembra de cada especie, tal como Dios había ordenado a Noé. Luego el Señor cerró la puerta detrás de ellos.

“Y Jehová le cerró la puerta”
Es uno de los detalles más tiernos y más terribles de las Escrituras. Noé construyó el arca, la calafateó, cargó los animales y entró; pero la puerta no la cerró él. La cerró Dios.
Es terrible, porque significa que hubo un instante en que la oportunidad se acabó. Ciento veinte años de aviso terminaron en un gesto definitivo, y siete días de espera (7:10) fueron el último margen. Nadie golpeó la puerta desde fuera antes; muchos lo harían después.
Y es tierno, porque significa que la seguridad de Noé no dependía de la fuerza de sus brazos. Si él hubiera cerrado la puerta, él tendría que haberla sostenido. “Mis ovejas oyen mi voz… y nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28).
La creación deshecha
Los versículos siguientes son de una tristeza enorme. El texto insiste, con una repetición casi insoportable, en la palabra todo: todos los montes altos, toda carne, todo ser viviente, todo lo que tenía aliento de vida. Y luego, la frase que queda flotando sobre el agua:
“y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca” (7:23).
Génesis 7
Biblia Reina Valera 1960 Nueva Traducción Viviente 17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra. 17 Durante cuarenta días, las aguas del diluvio crecieron hasta que cubrieron la tierra y elevaron la barca por encima de la tierra. 18 Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas. 18 Mientras el nivel del agua subía más y más por encima del suelo, la barca flotaba a salvo sobre la superficie. 19 Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. 19 Finalmente, el agua cubrió hasta las montañas más altas de la tierra 20 Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. 20 elevándose casi siete metros por encima de las cumbres más altas. 21 Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. 21 Murieron todos los seres vivos que había sobre la tierra: las aves, los animales domésticos, los animales salvajes, los animales pequeños que corren por el suelo y todas las personas. 22 Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. 22 Todo lo que respiraba y vivía sobre tierra firme murió. 23 Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca. 23 Dios borró de la tierra a todo ser vivo: las personas, los animales, los animales pequeños que corren por el suelo y las aves del cielo. Todos fueron destruidos. Las únicas personas que sobrevivieron fueron Noé y los que estaban con él en la barca. 24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días. 24 Y las aguas del diluvio cubrieron la tierra durante ciento cincuenta días.

Antes: ¿por qué un juicio así?
La pregunta es inevitable, y el texto la había respondido dos capítulos antes: “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (6:5), y “estaba la tierra llena de violencia” (6:11). La violencia —en hebreo jamás, opresión del fuerte sobre el débil— había llegado a ser el aire que se respiraba.
Aun así, la escena no debería dejarnos cómodos. La Biblia no presenta el juicio como un espectáculo satisfactorio: presenta a un Dios que se duele (6:6), que espera con paciencia (1 Pedro 3:20) y que “no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). El mismo apóstol que escribe esa frase acaba de recordar el diluvio, y advierte que habrá un juicio final. La lección no es qué bien que ellos murieron, sino cuánto tarda Dios en soltar la mano.
Capítulo 8: Y se acordó Dios de Noé
El versículo que gira toda la historia
Ciento cincuenta días de agua. Un barco sin timón, sin vela y sin rumbo, sobre un mundo entero cubierto. Y entonces:
“Y se acordó Dios de Noé” (8:1).
En la Biblia, “acordarse” no es recuperar un dato que se había olvidado. Es un verbo de acción: cuando Dios se acuerda, empieza a obrar. “Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham” (Éxodo 2:24), y comenzó el Éxodo. “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42), pidió el ladrón, y aquel mismo día estuvo en el paraíso.
Y observa de quién se acuerda: de Noé y de todos los animales. Dios no olvidó ni a las bestias flotando en la oscuridad. “Él da a la bestia su mantenimiento” (Salmo 147:9).

Un viento sobre las aguas
“E hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas” (8:1).
La palabra hebrea es רוּחַ-rúaj: viento, aliento, Espíritu. Es exactamente la misma que aparece en Génesis 1:2, donde “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. El autor lo hace a propósito: donde el Espíritu sopla sobre el caos, empieza un mundo nuevo. Ocurrió en la creación, ocurre aquí, y ocurrirá en cada persona que nace de nuevo: “el viento sopla de donde quiere… así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8).
Génesis 8
Biblia Reina Valera 1960 Nueva Traducción Viviente 1 Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas. 1 Entonces Dios se acordó de Noé y de todos los animales salvajes y domésticos que estaban con él en la barca. Envió un viento que soplara sobre la tierra, y las aguas del diluvio comenzaron a retirarse. 2 Y se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida. 2 Las aguas subterráneas dejaron de fluir y se detuvieron las lluvias torrenciales que caían del cielo. 3 Y las aguas decrecían gradualmente de sobre la tierra; y se retiraron las aguas al cabo de ciento cincuenta días. 3 Entonces las aguas del diluvio se retiraron de la tierra en forma gradual. Después de ciento cincuenta días, 4 Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre los montes de Ararat. 4 exactamente cinco meses después de que comenzó el diluvio, la barca se detuvo sobre las montañas de Ararat. 5 Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo; en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cimas de los montes. 5 Dos meses y medio más tarde, mientras las aguas seguían bajando, otras cumbres se hicieron visibles.
Reposó el arca sobre los montes de Ararat
El arca no llegó a puerto: encalló en una cumbre. Los “montes de Ararat” corresponden a la región montañosa de Urartu, al norte de Mesopotamia, en la frontera de las actuales Turquía, Armenia e Irán. El texto no señala un pico concreto —habla en plural—, de modo que las expediciones que a lo largo de los siglos han buscado restos en el monte que hoy llamamos Ararat van más lejos de lo que el versículo autoriza.
Lo importante es otra cosa: el arca se detuvo el día diecisiete del mes séptimo, exactamente cinco meses después de haber comenzado el diluvio.

El cuervo, la paloma, y la paciencia
Aquí aparece una de las escenas más humanas del Génesis. Noé lleva casi un año encerrado. La tierra empieza a asomar. Y en lugar de abrir la puerta, hace algo mucho más difícil: espera, y comprueba.
Primero suelta un cuervo, ave carroñera, que va y viene sin necesitar tierra firme. Después suelta una paloma —ave limpia, que busca ramas verdes— y ésta vuelve con las manos vacías: “no halló la paloma donde sentar la planta de su pie”. Siete días más tarde, la paloma regresa con una hoja de olivo tierna en el pico. Siete días más, y ya no vuelve.
Génesis 8
Biblia Reina Valera 1960 Nueva Traducción Viviente 6 Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho, 6 Pasados otros cuarenta días, Noé abrió la ventana que había hecho en la barca 7 y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra. 7 y soltó un cuervo. El pájaro voló ida y vuelta hasta que las aguas del diluvio terminaron de secarse sobre la tierra. 8 Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra. 8 También soltó una paloma para ver si el agua se había retirado y si la paloma podía encontrar suelo seco; 9 Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca. 9 pero la paloma no pudo encontrar ningún lugar donde posarse, porque el agua aún cubría la tierra. Así que volvió a la barca, y Noé extendió su mano y metió la paloma adentro. 10 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca. 10 Después de esperar otros siete días, Noé volvió a soltar la paloma; 11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra. 11 esta vez la paloma regresó a él por la tarde con una hoja de olivo fresca en su pico. Entonces Noé supo que las aguas del diluvio se habían retirado casi por completo. 12 Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él. 12 Esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma. Esta vez el ave no regresó. 13 Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero, el día primero del mes, las aguas se secaron sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba seca. 13 Ahora Noé tenía seiscientos un años de edad. El primer día del nuevo año, diez meses y medio después del comienzo del diluvio, las aguas del diluvio se habían secado de la tierra casi por completo. Noé levantó la cubierta de la barca y vio que la superficie de la tierra se estaba secando. 14 Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra. 14 Pasaron otros dos meses, ¡y por fin la tierra quedó seca!

Símbolos: la hoja de olivo
El olivo no crece en las cumbres: crece en los valles y en las laderas bajas. Que la paloma trajera una hoja fresca, arrancada significaba que el agua había descendido lo suficiente para que los árboles respiraran de nuevo. No era una flor decorativa: era un informe técnico.
De ahí viene la paloma con el ramo de olivo como símbolo universal de la paz. Y no es casualidad que, siglos después, el Espíritu Santo descendiera sobre Jesús “como paloma” (Mateo 3:16): la señal de que el juicio había pasado y de que Dios había vuelto a habitar entre los hombres.
Salir sólo cuando Dios lo dice
Noé abrió la cubierta, miró y vio la tierra seca. Podía haber salido. Y no salió. Esperó otros cincuenta y seis días, hasta que Dios habló: “Sal del arca” (8:16).
Es un detalle que pasa desapercibido y que dice mucho sobre la madurez espiritual. Entre “yo puedo” y “Dios me lo dijo” hay una distancia que muchos atropellan. Noé entró cuando Dios lo mandó y salió cuando Dios lo mandó. Saber esperar es parte de la obediencia.
Génesis 8
Biblia Reina Valera 1960 Nueva Traducción Viviente 15 Entonces habló Dios a Noé, diciendo: 15 Entonces Dios dijo a Noé: 16 Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. 16 «Todos ustedes —tú y tu esposa, y tus hijos y sus esposas— salgan de la barca. 17 Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra. 17 Suelta a todos los animales —las aves, los animales y los animales pequeños que corren por el suelo— para que puedan ser fructíferos y se multipliquen por toda la tierra». 18 Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. 18 Entonces Noé, su esposa, sus hijos y las esposas de sus hijos salieron de la barca; 19 Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. 19 y todos los animales, grandes y pequeños, y las aves salieron de la barca, pareja por pareja.
Lo primero que hizo en tierra firme
No fundó una ciudad. No plantó todavía. No hizo inventario de lo que había perdido —que era, literalmente, el mundo entero—.
“Y edificó Noé un altar a Jehová” (8:20). El primer altar mencionado en la Biblia. Y ofreció de todo animal limpio: precisamente aquellos de los que llevaba siete parejas. Su primera reacción ante la salvación no fue pedir, sino dar.
Génesis 8
Biblia Reina Valera 1960 Nueva Traducción Viviente 20 Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. 20 Luego Noé construyó un altar al Señor y allí sacrificó como ofrendas quemadas los animales y las aves que habían sido aprobados para ese propósito. 21 Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho. 21 Al Señor le agradó el aroma del sacrificio y se dijo a sí mismo: «Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa de los seres humanos, aun cuando todo lo que ellos piensen o imaginen se incline al mal desde su niñez. Nunca más volveré a destruir a todos los seres vivos. 22 Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche. 22 Mientras la tierra permanezca, habrá cultivos y cosechas, frío y calor, verano e invierno, día y noche».

El olor grato y la promesa
“Y percibió Jehová olor grato” (8:21). En hebreo, réaj nijóaj: un juego de palabras con el nombre de Nóaj. El aroma del sacrificio de Noé fue, para Dios, “olor de descanso”.
Y entonces Dios dice algo desconcertante:
“No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” (8:21).
Léelo dos veces. Ésa es exactamente la misma razón por la que llegó el diluvio (6:5). Antes, la maldad del corazón humano fue el motivo del juicio; ahora es el motivo de la paciencia. ¿Qué cambió en medio? Un altar y un sacrificio.
Ahí está, en germen, toda la lógica de la Biblia. El problema del corazón humano no se resolvió con agua —el diluvio limpió la tierra, no el corazón; el primer hombre que pisó el mundo lavado terminó ebrio en su tienda—. Haría falta otro sacrificio, y otro olor grato: “Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2).
Después: el pacto de las estaciones
“Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche” (8:22).
Este versículo es el fundamento silencioso de la vida cotidiana. Que el sol salga mañana, que las estaciones se sucedan, que se pueda sembrar esperando cosechar: nada de eso es un derecho de la naturaleza, sino una promesa de Dios. Sobre ella se sostienen la agricultura, la ciencia y la simple confianza de acostarse esperando otro día.
Los teólogos lo llaman gracia común: el bien que Dios derrama sobre justos e injustos por igual, porque “él hace salir su sol sobre malos y buenos” (Mateo 5:45). La próxima cosecha es una promesa cumplida.
Para vivir hoy
- Dios se acuerda. Si estás en un tiempo largo de espera, en el que parece que nada se mueve y nadie ve tu barco, recuerda que el punto de giro de esta historia no fue un acto de Noé, sino una decisión de Dios en el momento justo.
- La puerta la cierra Dios. Tu seguridad no depende de tu fuerza para sostenerte, sino de las manos que te encerraron dentro.
- Aprende a esperar la palabra. Poder hacer algo no es lo mismo que ser enviado a hacerlo. Noé pudo salir mucho antes; esperó a que Dios se lo dijera.
- Adora primero. Al salir del arca, lo primero fue un altar. Cuando llegue tu liberación, que la primera reacción sea gratitud y no inventario.
- La paciencia de Dios tiene un propósito, no un límite infinito. Pedro une los dos diluvios —el de agua y el de fuego que vendrá— y saca la conclusión práctica: “¿cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir?” (2 Pedro 3:11).
Para orar hoy: Padre, gracias porque te acuerdas. Gracias porque cerraste la puerta y no la solté yo. Enséñame a esperar tu voz antes de moverme, y a construir un altar antes de construir mi casa. Y cuando el agua tarde en bajar, dame la paciencia de la paloma que vuelve, y vuelve, y vuelve a intentarlo.
Los meses del relato se cuentan de treinta días, según el calendario que el texto supone: del día 17 del mes segundo del año 600 al día 27 del mes segundo del año 601 hay exactamente un año y diez días, es decir, unos 370 días desde que se rompieron las fuentes del abismo hasta que Noé pisó tierra seca. ↩︎
